Silvia Royo López Silvia Royo López

Empresa familiar 2 min read

Un Royo siempre sigue

Un Royo siempre sigue

This post is written in Spanish.

Esta semana volví a España desde USA, lugar en el que resido desde hace más de 15 años. Nada nuevo bajo el sol, pues vengo consistentemente. Y es curioso, porque esta vez ha sido distinto. Uno cree que evoluciona, que cambia, que se transforma, pero cuando vuelves a la raíz, te das cuenta de que en realidad no te has movido tanto. Sigues siendo esa historia que empezó mucho antes de que tú la entendieras.

La nuestra empezó con madera. Con polvo en las manos. Las de mi padre. Con el sonido constante de herramientas dando forma a algo que aún no existía. Ebanistería pura y dura. Así nació todo.

No había grandes palabras, ni estrategias, ni fondos de inversión. Habia una madre que cuidaba. Había trabajo. Había una manera muy concreta de entender la vida: hacer bien las cosas, aunque nadie esté mirando.

Pasaron poco mas de 50 años y todo cambió. Crecimos. Mucho. Vendimos. Nos transformamos.

Hoy hablamos de real estate, de gestion de carteras, de inversión, de diversificación, de estructuras que en aquel entonces ni siquiera tenían nombre en nuestra mesa. Esa mesa de la cocina que no sabia hablar de otra cosa que no fueran negocios. Pero eso lo dejare para otro momento.

Estos días, recorriendo proyectos, entrando en naves, sentándome en reuniones, mirando números. Nada fuera de lo normal, algo que llevo haciendo por muchos años. Pero esta vez he sentido algo muy claro: nada de esto existiría sin aquello.

Sin esas manos de él. Sin esa forma de cuidar de ella. Sin ese legado invisible que no aparece en ningún balance, pero que sostiene todo. Y en medio de todo eso, estamos nosotros. La segunda generación. Mis hermanos y yo.

Hemos salido del dia a dia para “estar presentes” compartiendo juntos reflexiones, decisiones y silencios. Soy muy fan de los silencios. Los tres (cada uno a su manera) intentando estar a la altura de algo que no empezamos, pero que sí nos toca continuar. Y en esos pequeños momentos de silencios he entendido algo aun mas importante: el verdadero activo no son los proyectos. Somos nosotros.

Sin un “nosotros” no habría unión. Nuestra capacidad de seguir caminando juntos, incluso cuando el camino cambia. Nada fácil, por cierto. Pero es que ellos también están ahí mirando. De reojo pero mirando. La tercera generación. Pequeñas almas que no entienden de estructuras, vehículos o estrategias (todavia), pero si entienden de ejemplo. De lo que ven y sienten cuando están cerca husmeando, y es ahí cuando todo cobra el sentido.

Porque al final, esto nunca fue solo de construir algo grande. Fue de construir algo que merezca la pena ser continuado. Como cuando mis padres nos enseñaban, como podían, a mantener ese legado, no importa cuanto crezcamos, siempre habrá un punto al que volver para saber quienes somos. Porque aunque ahora somos Invext, en nuestro ADN, en realidad, somos ROYO.

Y un ROYO siempre sigue.

SEGUIMOS

Un Royo siempre sigue (2)Un Royo siempre sigue (3)Un Royo siempre sigue (4)

Newsletter

Some conversations deserve to go on.

Thoughts on business, leadership, motherhood, family and real life. No formulas, no content calendar. When I have something worth sharing, I write to you.

No spam. Unsubscribe whenever you like.