Silvia Royo López Silvia Royo López

Maternidad 2 min read

A mi otro yo

A mi otro yo

This post is written in Spanish.

Si alguna vez vuelves a resurgir de ese lugar en que un día moraste, disimula. No confieses a nadie que me conociste, siendo alegre, jovial e irresponsable a veces. No hagas saber a nadie que solía confiar en la gente y que me emocionaba con gran facilidad. Pero sobre todo, no les cuentes, quién era ni quién fui.

No les cuentes que no solía manipular los sentimientos de las personas, ni les cuentes de mis cero filtros, de mis reglas extremas y, mucho menos, de mis grandes ambiciones, que por cierto eran muchas.

No les cuentes que sonreía cuando me enamoraba, ni que los pequeños y sencillos detalles eran los que más valoraba.

No les cuentes que pensaba que el amor era injusto, pues siempre lloraba la persona que menos se lo merecía. Y que aun así creía en él, como el mayor sentimiento innato de cualquier raza viva.

No les cuentes que necesitaba mucho de algunos pocos y prácticamente nada de muchos otros.

No les cuentes que daba todo por muchas veces nada, porque entendía que aún sin limites ni condición, todavía existía el riesgo de equivocarse, pero también la remota posibilidad de acertar.

No les cuentes de mi gran debilidad, aquella llamada impaciencia que la mayoría de las veces superaba la mismísima razón. Que siempre actuaba por instintos, por impulsos y por pasión.

No les cuentes que en mis momentos de soledad, solíamos reencontrarnos para planificar sueños, descubrir mundos y volar alto. Muy alto.

No les cuentes que alcancé casi todos los sueños de mi vida, que las bendiciones sobreabundaron y que ese Ser etéreo del Cielo nunca me desatendió.

No les cuentes que aun hoy después de todo lo anterior, echo la vista atrás y miro con recelo a mi alrededor. Con recelo porque algo dentro de mi anhela tu presencia. Espera. Levanta la voz un poco más. Eres tú. Muy a lo lejos creo que puedo escuchar un leve y dulce susurro.

Tu susurro.

Sigue hablándome.

Sigue mirándome con esos ojos verdes desafiantes aunque sea esporádicamente y dime que estoy aquí para que me amen. Que estoy aquí para que estallen los cristales cuando paso cerca. Que estoy aquí para que se apague la luz cuando piensen en mí. Para que siga siendo el primer deseo de alguien al despertar. Para que sepan quererme como primera opción y no para amarme a medias tintas.

Dime una y otra vez que, a pesar de que todo esto pueda parecer formar parte de un pasado, la realidad es que muy en el fondo, sigue siendo un presente. Mi presente. Pero sobre todo, cuéntales que además de ser todo aquello que un día fui, mi principal potencial viene de la capacidad de conectar esas dos almas y aquellas dos mentes, todo en un mismo ser. Aquella virtud perenne de saber contrarrestar el polo positivo con el negativo.

Y eso, mi querido otro yo, es muy difícil de alcanzar. Pues ella era poesía, y él no sabia leer.

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