Silvia Royo López Silvia Royo López

Nostalgia 4 min de lectura

A mi bolita negra y peluda

A mi bolita negra y peluda

Una bolita negra y peluda se hacia paso por el largo pasillo aquel día frío de enero, intentando trasmitir la alegría que le ocasionaba su nuevo hogar, y digo intentaba pues no debería de encontrarse en su mejor momento al comprobar que su obesidad no se debía a la propia de un cachorro sino a su primera de una larga lista de enfermedades que él mismo sufriría a lo largo de su vida.

Corría el año 92 cuando yo contaba con tan solo 9 años y donde él apareció en mi vida, para paliar la muerte del nuestro Roni I, mi Roni II. Mi único y especial Roni. Ese perro que con su dócil y cariñoso carácter conseguía mirar al mundo y a los que alrededor tenia a través de unos ojos bondadosos. Ese perro que con su dulzura y apacibles mimos casi infantiles me reflejaban la decencia innata de las mascotas que tenemos en nuestras vidas. Ese perro que tenia un sexto sentido cuando algo pasaba, que reconocía la pérdida de los que ya no están y que corriendo venia para venir a limpiar las lágrimas que corrían por mis mejillas con besos y arrumacos caninos siendo testigo de mis grandes tristezas, deseos, anhelos y sueños. Ese perro, mi perro.

Su vida, a pesar de ser un perro feliz y sano, pasó por muchos problemas de salud. Si no hubiera sido por su estricta alimentación, y por lo activo y fuerte que estaba, no hubiera podido superar todo por lo que pasó. Sufridor hasta los sumo, nunca antes he visto a nadie soportar el dolor como él lo afrontaba. Desde la solitaria con tan solo unos pocos días hasta el cáncer que es lo que lo esta consumiendo ha pasado por enganches de pastores alemanes ocasionandole graves heridas, orejas partidas, moquillo, Ehrlichia, Rickettsia, la enfermedad de la garrapata, desprendimiento de un ojo, seborrea dérmica y hasta melanomas diversos. Y es que el paciente Roni (asi es como con mucho cuidado y mimo lo trata Manuel, el veterinario) es un perro con ganas de vivir, bien cuidado, atendido y con un corazón sano y fuerte.

No sé si por esta razón, por lo mucho que se deja querer o por los sustos que nos ha dado con tantos extravíos y perdidas que hemos sufrido con él ¡bendito chip identificativo! hace que quererlo sea fácil y sencillo. Recuerdo muchas anécdotas, como las noches enteras que recorríamos por valencia buscandolo por las calles desiertas, recuerdo cuando se metía en la piscina siempre que había alguien dentro de ella, recuerdo cuando corría como un conejo por todo el chalet, recuerdo cuando se ponia en mis rodillas mientras conducía sacando la cabeza por la ventana, recuerdo como dormía a mi lado, recuerdo y no dejo de recordar pues el próximo 5 de diciembre cumplirá (si Dios quiere) 17 años a mi lado y eso es mucho más de media vida para mi.

Hoy te veo ahí tumbado, inamovible. Desde que hace casi un año te detecté un bulto en la boca y a raíz de ese melanoma maligno te diagnosticaron cáncer veo como tu cuerpo fornido, esos músculos que me recordaban a un toro cada vez que te veía corretear, se está consumiendo. Y aunque no me dieron para ti más de tres meses de vida han pasado ya 10 y puedo observarte sentadito en tu sillón, dormidito como un anciano en sus últimos días. A pesar de tus dolores, no hay persona que no entre por la puerta y no reciba de tus saludos, educado, agradecido, ese es mi perro. Ya sea un simple movimiento de rabo, un débil ladrido o una mirada de un solo ojo. Te levantas, te cuesta moverte, paseas de lado, a veces tropiezas, te inclinas, te chocas con las cosas, no oyes y apenas ves, no te orientas, no levantas ya la pata para marcar tu territorio, ¡con lo que te gustaba! Ya no. Tus huesos cada vez están más consumidos, más debilitados, tu perdida de peso se refleja en tu piel hundida y caderas remarcadas.

Desde hace tiempo me dicen que te de paso al descanso, pero ¿y si quizá no sufres? ¿y si simplemente estas disfrutando de tu jubilación? ¡como iba yo a hacer eso! No, no me lo perdonaría en la vida, si tan solo pudieras decir unas palabras..... Mi enfado e indignación se dejan entrever ante un “Ni loca” como respuesta. ¿Como podría yo hacer eso a mi bolita negra que hace 17 años correteaba por la casa? Sólo espero que Dios no me haga tomar ninguna decisión de ese calibre, pues no podría afrontar el tener que decidir. Sólo quien ama a sus mascotas con todo su corazón, pueden comprender lo que se puede llegar a sentir y yo en estos momentos me siento realmente con el corazón partido. Sé que poco queda, me estoy preparando para este momento, pero (siempre hay un pero) en breve tendré otra razón mas para querer llegar pronto a la Tierra Prometida y volver a ver corretear a mi chiquitín por las inmensas praderas que el Señor tiene preparadas para nosotros. Allá donde te encuentres entonces, Roni, siempre estarás en mi corazón.

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